El exsecretario de Hacienda presentó en el MIT un diagnóstico contundente: déficit récord, inversión en caída libre y riesgo de perder el grado de inversión soberano amenazan el futuro económico del país.
Pedro Aspe Armella, exsecretario de Hacienda durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, presentó en un foro del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) un análisis titulado “México rumbo al estancamiento” que la revista Nexos acaba de publicar. El documento expone con claridad los indicadores que revelan una economía mexicana atrapada en una espiral descendente: déficit presupuestal en máximos históricos, inversión pública en caída libre y un crecimiento del PIB inferior al 1% anual durante los últimos siete años.
En este artículo
Déficit y gasto corriente: las cifras del deterioro
El diagnóstico macroeconómico de Aspe Armella destaca un déficit presupuestal estructuralmente alto provocado por un aumento desmedido del gasto corriente. Entre los factores más preocupantes, el análisis señala lo que denomina una “segunda nómina”: 29.4 millones de beneficiarios de transferencias directas en efectivo sin una base clara de sustentabilidad financiera.
Desde 2018, el importe de los programas sociales pasó de 0.5 a 3 por ciento del PIB, un incremento significativo que no ha venido acompañado de una reforma hacendaria que permita financiarlo de manera sostenible. Los ingresos tributarios apenas crecieron 2.1 puntos del PIB en el mismo periodo, mientras que el gasto aumentó en cuatro puntos tan solo por los apoyos a Pemex y a la población.
Dato clave: Los ingresos tributarios de México apenas superan el 18% del PIB, frente a un promedio de 34% en la OCDE y 22% en Latinoamérica.
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Pemex: el agujero negro de 400 mil millones anuales
El análisis presentado en el MIT dedica especial atención a Petróleos Mexicanos, que recibe aproximadamente 400 mil millones de pesos anuales en subsidios y apoyos gubernamentales, equivalentes al 1% del PIB. A pesar de estas inyecciones de recursos, la empresa productiva del Estado no ha logrado revertir su quiebra técnica ni la caída sostenida en su producción.
El documento también cuestiona el rendimiento de las llamadas “megaobras” del sexenio anterior, particularmente el Tren Maya y la Refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco, que según el análisis presentan rendimiento negativo en términos económicos y financieros.
Como agravante, Aspe Armella señala que el disparo del gasto se ha financiado no solo con endeudamiento, sino “a costa de la inversión pública productiva”. En sus palabras, se están “descuidando los músculos” de la economía nacional.
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Desplome de la inversión pública y privada
Uno de los datos más alarmantes del retrato económico es la caída de la inversión física federal, que en los últimos dos años quedó 28% por debajo del nivel de 2023, lo que representa la mayor contracción anual en tres décadas. Paralelamente, el gasto en salud, educación y seguridad se ha mantenido prácticamente plano durante los últimos 20 años.
La inversión privada, que representa el 86% del total, tampoco escapa a la tendencia negativa. Según el análisis, esta ha mostrado una trayectoria descendente desde 2019, descontando el rebote natural posterior a la pandemia de COVID-19.
El exsecretario de Hacienda identifica varios factores que afectan tanto a la Inversión Extranjera Directa (IED) como a la inversión nacional:
- Incertidumbre institucional derivada de la reforma judicial
- Retrocesos en materia energética y de órganos reguladores
- Incrementos extraordinarios al salario mínimo que presionan costos
- Nuevas reformas laborales que dificultan la formalización de Mipymes
- Incertidumbre sobre la renegociación del T-MEC
Deuda y riesgo ante calificadoras
El déficit alcanzó 5.7% del PIB al cierre de 2024, el nivel más alto en 36 años. Con el liderazgo del secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, el indicador bajó a 4.3% en 2025 y se proyecta cerrar 2026 en 4.1%. Sin embargo, analistas y organismos internacionales mantienen escepticismo y no descartan un repunte hacia el 5%.
La deuda pública ha seguido una trayectoria ascendente: de 47% del PIB al inicio del sexenio pasado a acercarse peligrosamente al umbral del 60%, nivel que no se registraba desde hace 50 años. Este umbral no es arbitrario: históricamente, las calificadoras de crédito han retirado el grado de inversión soberano a las economías emergentes que lo cruzan.
Situación actual con calificadoras: Moody’s y Fitch mantienen a México en el último escalón del grado de inversión; S&P lo ubica dos escalones arriba. Las tres agencias identifican al bajo crecimiento como factor clave del deterioro y riesgo fiscal.
El efecto de perder el grado de inversión sería un “punto de quiebre”: mayores tasas de interés, más gasto financiero dedicado al servicio de la deuda y una desaceleración económica adicional.
¿Década perdida? El PIB per cápita en negativo
La economía mexicana creció a un promedio anual inferior al 1% durante los siete años de la llamada “Cuarta Transformación”, en contraste con el 2.6% promedio registrado durante lo que el discurso oficial denomina “la era neoliberal”.
Aspe Armella destaca que si el PIB apenas avanza, el PIB per cápita tiene saldo negativo, lo que perfila una “década perdida” para México. Este indicador refleja el empobrecimiento estructural del país y se vuelve crónico cuando el motor de la inversión pierde potencia.
El análisis también revela un desacoplamiento preocupante respecto a Estados Unidos. De los años noventa a los 2010, existía sincronía entre ambas economías; sin embargo, en la década actual el crecimiento estadounidense duplica al mexicano. El mundo crece al triple que México, según los datos presentados en el MIT.
La productividad, principal determinante del crecimiento económico, promedia una variación anual de -0.09% desde 2010. La alta informalidad laboral —directamente relacionada con la base tributaria— impide aumentar los ingresos fiscales necesarios para sostener el gasto público sin recurrir a mayor endeudamiento.
¿Qué sigue para la economía mexicana?
El retrato sintético presentado por Aspe Armella concluye con una advertencia implícita: “Urge reconocerlo para corregir la ruta”. La combinación de déficit estructural, inversión en caída, productividad estancada y riesgo de perder el grado de inversión configura un escenario que requiere decisiones de política económica de fondo, más allá de ajustes marginales.
El desafío para la administración de Claudia Sheinbaum será equilibrar los compromisos sociales heredados con la necesidad de reactivar la inversión y mantener la confianza de los mercados, todo ello en un contexto de incertidumbre por la renegociación del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el estancamiento económico en México?
El estancamiento económico se refiere a un crecimiento del PIB inferior al 1% anual durante un periodo prolongado, lo que combinado con el crecimiento poblacional resulta en un PIB per cápita negativo y empobrecimiento estructural del país.
¿Por qué el déficit fiscal de México es preocupante?
El déficit alcanzó 5.7% del PIB en 2024, el más alto en 36 años. Esto presiona la deuda pública hacia el umbral del 60% del PIB, nivel en el que las calificadoras suelen retirar el grado de inversión a economías emergentes.
¿Cuánto dinero recibe Pemex del gobierno?
Pemex recibe aproximadamente 400 mil millones de pesos anuales en subsidios y apoyos, equivalentes al 1% del PIB, sin que esto haya logrado revertir su quiebra técnica ni la caída en su producción.
¿Qué pasaría si México pierde el grado de inversión?
La pérdida del grado de inversión implicaría tasas de interés más altas para el gobierno, mayor gasto financiero destinado al pago de deuda, salida de capitales y una desaceleración económica adicional que agravaría el estancamiento actual.
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