Dos siglos después de la lucha que dio origen al México independiente, septiembre vuelve a colocar a la nación frente a su propia historia. El aniversario de la Independencia representa mucho más que una fecha en el calendario oficial, porque permite preguntarnos qué hemos construido como país y qué estamos dispuestos a defender frente a quienes ejercen el poder. México ha cambiado profundamente desde 1810, aunque todavía existen asuntos pendientes que siguen condicionando la vida de millones de mexicanos.
Durante 216 años, distintas generaciones hemos levantado instituciones, empresas, universidades, industrias y comunidades que explican buena parte de la fortaleza nacional. La cultura mexicana trascendió fronteras y nuestra economía ganó peso dentro de América del Norte. Todo eso pertenece a México, no a una administración ni a una corriente política.
También cambió la relación de los ciudadanos con el poder. La sociedad actual tiene más herramientas para cuestionar a sus autoridades, denunciar abusos y exigir información, mientras que las nuevas generaciones tienen una relación mucho menos reverencial con quienes ocupan un cargo público. La celebración también invita a recordar que la libertad no termina cuando se expulsa a un poder extranjero. Un país verdaderamente libre requiere ciudadanos protegidos, justicia que funcione, servicios públicos dignos y reglas que no cambien según el capricho de quien ocupa el Gobierno.
México ha avanzado en participación política, acceso a la información y expresión pública, aunque todavía arrastra algunos problemas como la violencia, la impunidad, la pobreza y la falta de oportunidades, que siguen limitando a un grupo considerable de mexicanos.
Mientras la población celebra a los héroes de la Independencia, la llamada Cuarta Transformación ha debilitado instituciones, ha castigado la inversión, ha puesto en riesgo la división de poderes y ha tratado la crítica como una traición. La 4T presume una defensa de los pobres, pero sus decisiones han dejado servicios deficientes, incertidumbre económica y una seguridad pública incapaz de contener a los grupos criminales. La propaganda oficial intenta presentar cada problema como herencia del pasado, aunque ya ha tenido tiempo suficiente para responder por sus propios resultados.
Este 16 de septiembre debemos recordar que la bandera, la historia y el orgullo de ser mexicanos están por encima de Morena, del PAN, del PRI y de cualquier otro partido. También están por encima de la 4T. México merece instituciones fuertes, seguridad, libertad económica y servicios públicos que respondan a las necesidades de su población.
Ser mexicano implica sentirse orgulloso de lo que somos, pero también defender aquello que permite que ese orgullo tenga un significado real. La patria se honra cuando se trabaja, se invierte, se educa, se denuncia y se defiende la ley. El grito debe expresar orgullo, sí, aunque también debe exigir libertad, seguridad y futuro.

