La presión económica, las cargas laborales, la incertidumbre sobre el empleo y la dificultad para desconectarse figuran entre los factores que afectan el bienestar de los trabajadores. La NOM-035 establece medidas para prevenir los riesgos psicosociales, mientras que la expansión de la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos.
La salud mental se ha convertido en uno de los principales desafíos del entorno laboral en México. De acuerdo con el estudio Salud Mental en la era de la IA, de MetLife, el 80% de los trabajadores encuestados ha experimentado al menos una afectación relacionada con su bienestar psicológico, entre ellas estrés laboral, ansiedad, agotamiento y depresión.
Los resultados muestran que el problema no se limita a episodios aislados de tensión, sino que puede involucrar diferentes manifestaciones de malestar. Según las cifras difundidas sobre el informe, alrededor de la mitad de quienes reportaron afectaciones experimentó hasta dos de los padecimientos considerados, mientras que el 21% señaló tres y el 28% los cuatro.
La investigación también identifica las preocupaciones financieras, las cargas de trabajo, el ambiente laboral y la incertidumbre sobre la estabilidad del empleo como elementos vinculados con el deterioro del bienestar de los colaboradores.
En un contexto marcado por el costo de vida, las exigencias de productividad y la transformación tecnológica, estos hallazgos ponen sobre la mesa una cuestión central: las condiciones en las que se trabaja pueden influir en la salud mental, por lo que su prevención requiere tanto acciones individuales como cambios en la organización del trabajo.
¿Qué está afectando la salud mental de los trabajadores en México?
Las dificultades económicas y la sobrecarga laboral destacan entre los factores señalados en las investigaciones sobre bienestar en el trabajo.
El informe de MetLife identifica una relación entre las preocupaciones financieras y las exigencias laborales. Entre los elementos mencionados se encuentran los salarios que los trabajadores consideran insuficientes, las responsabilidades acumuladas y la incertidumbre sobre la continuidad del empleo.
La presión económica puede extenderse más allá de la jornada laboral. Los gastos de vivienda, alimentación, transporte y otros compromisos financieros pueden mantener la preocupación incluso durante los periodos de descanso, especialmente cuando los ingresos no permiten cubrir las necesidades cotidianas.
A esto se suma la sobrecarga de trabajo, que puede manifestarse en plazos difíciles de cumplir, acumulación de tareas, jornadas prolongadas y falta de tiempo para recuperarse física y mentalmente.
El ambiente laboral también desempeña un papel importante. Los conflictos entre compañeros, la falta de reconocimiento, el liderazgo negativo, el acoso y la escasa claridad sobre las responsabilidades pueden contribuir a un entorno que favorece el desgaste.
Otro factor es la incertidumbre laboral. El temor a perder el empleo, la falta de oportunidades de crecimiento y la preocupación por los cambios en el mercado de trabajo pueden aumentar la tensión, particularmente cuando los trabajadores consideran que tienen pocas alternativas para cambiar de puesto.
Estos factores no necesariamente actúan por separado. Las dificultades financieras pueden incrementar el temor a perder el empleo, mientras que ese temor puede llevar a aceptar mayores cargas de trabajo o a evitar solicitar descansos y apoyo.
El estrés laboral también se refleja fuera del horario de trabajo
La dificultad para desconectarse de las responsabilidades profesionales constituye otro de los aspectos relevantes del estudio de MetLife.
De acuerdo con los datos difundidos por la aseguradora, el 55% de los participantes experimentó un aumento del estrés en un contexto relacionado con el contacto laboral fuera de su horario de trabajo.
Los mensajes, las llamadas y las solicitudes que llegan durante el tiempo personal pueden reducir las oportunidades de descanso y dificultar la separación entre la vida profesional y la familiar.
Cuando la disponibilidad constante se convierte en una expectativa, los trabajadores pueden tener problemas para recuperarse de las exigencias de la jornada. Esta situación puede agravarse si la carga laboral impide completar las tareas dentro del horario establecido.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que las jornadas excesivas, la falta de control sobre el trabajo, la inseguridad laboral y las condiciones organizacionales desfavorables pueden representar riesgos para la salud mental.
En este escenario, el bienestar no depende exclusivamente de la capacidad de cada persona para administrar su tiempo o manejar el estrés. También requiere que las empresas establezcan cargas razonables, respeten los periodos de descanso y promuevan condiciones laborales adecuadas.
Trabajar pese al malestar: el problema del presentismo
Otro de los datos destacados de MetLife es que el 40% de los participantes continúa trabajando pese a sentirse afectado.
Este comportamiento se relaciona con el denominado presentismo laboral, una situación en la que una persona permanece en su puesto y realiza sus actividades a pesar de experimentar problemas que pueden limitar su concentración, su energía o su desempeño.
A diferencia del ausentismo, que se manifiesta cuando una persona falta al trabajo, el presentismo puede pasar inadvertido porque el empleado sigue cumpliendo con sus responsabilidades.
Sin embargo, permanecer activo no significa necesariamente encontrarse en condiciones óptimas para trabajar. El agotamiento, la preocupación persistente y las dificultades para concentrarse pueden afectar la calidad de las tareas y la capacidad de responder a las exigencias cotidianas.
La situación también plantea preguntas sobre las barreras que enfrentan los trabajadores para pedir ayuda. El temor a perder oportunidades, la preocupación por la estabilidad laboral o la falta de acceso a servicios profesionales pueden influir en la decisión de continuar trabajando pese al malestar.
Por ello, las políticas de bienestar necesitan contemplar no solo las ausencias, sino también las condiciones que permiten a los empleados reconocer sus dificultades y solicitar apoyo sin temor a represalias.
Otros estudios apuntan a riesgos relacionados con la carga laboral y los salarios
Los resultados de MetLife coinciden con otros análisis difundidos en México, aunque las investigaciones utilizan muestras y metodologías diferentes.
Un reporte de El Economista, basado en el Employee Benefit Trends Study 2026 de MetLife, señaló que el 46% de los participantes mencionó las preocupaciones financieras entre los factores que afectan su bienestar. Asimismo, el 43% señaló una carga laboral elevada y otro 43% identificó un salario no competitivo.
La publicación también reportó que el 24% había buscado atención profesional para atender estas situaciones. Esta cifra plantea interrogantes sobre el acceso a los servicios de salud mental y las barreras que pueden impedir que las personas reciban apoyo, aunque por sí sola no permite determinar las razones por las que los demás participantes no solicitaron atención.
Por otra parte, un análisis publicado por el mismo medio, con base en el Benchmark de Riesgo Psicosocial de Marsh, indicó que las cargas laborales representaban un riesgo elevado para el 39% de los empleados analizados, mientras que las jornadas laborales constituían un riesgo para el 38%.
Otro reporte, basado en datos de OCC, identificó una diferencia entre la importancia que los trabajadores y los reclutadores conceden a la salud mental: el 76% de los colaboradores la consideraba prioritaria, frente al 49% de los reclutadores.
Aunque estas cifras no deben interpretarse como resultados de una misma encuesta, en conjunto apuntan a una serie de desafíos relacionados con las exigencias laborales, las condiciones económicas y las prioridades de las organizaciones.
¿Qué establece la NOM-035 sobre la salud mental en el trabajo?
En México, la prevención de los factores de riesgo psicosocial está contemplada en la NOM-035-STPS-2018, denominada Factores de riesgo psicosocial en el trabajo-Identificación, análisis y prevención.
La norma, emitida por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), se aplica en los centros de trabajo del país y establece obligaciones diferenciadas según el número de trabajadores.
Su objetivo es identificar y prevenir los factores de riesgo psicosocial, así como promover entornos organizacionales favorables.
Entre los aspectos que contempla se encuentran las cargas de trabajo excesivas, las jornadas prolongadas, la falta de control sobre las tareas, la interferencia entre las responsabilidades laborales y familiares, el liderazgo negativo, las relaciones laborales desfavorables y la violencia en el trabajo.
Las obligaciones concretas varían de acuerdo con el tamaño del centro laboral. La norma incluye medidas preventivas, acciones de identificación y análisis de riesgos, y mecanismos para atender situaciones que puedan afectar a los trabajadores.
Su importancia radica en que reconoce que el bienestar psicológico no depende únicamente de las características individuales de cada empleado. La forma en que se distribuyen las tareas, se establecen los horarios y se gestionan las relaciones laborales también puede influir en la aparición de riesgos.
No obstante, la existencia de una regulación no demuestra por sí sola que todas las empresas la cumplan eficazmente. Para evaluar su impacto se necesitan datos sobre su aplicación, las medidas adoptadas y los resultados obtenidos.
La OMS advierte sobre el impacto mundial de la salud mental laboral
El problema también tiene una dimensión internacional. La Organización Mundial de la Salud estima que el 16% de los adultos en edad de trabajar en el mundo tenía un trastorno mental en 2023.
Además, el organismo calcula que cada año se pierden aproximadamente 12 mil millones de jornadas laborales debido a la depresión y la ansiedad, con un costo asociado de alrededor de un billón de dólares en productividad.
Estas estimaciones reflejan las consecuencias que los problemas de salud mental pueden tener tanto para las personas como para las organizaciones y las economías.
La OMS y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierten que los entornos laborales deficientes pueden aumentar los riesgos para el bienestar psicológico. Entre las condiciones que requieren atención figuran las cargas excesivas, la inseguridad laboral, la discriminación, el acoso, las jornadas desfavorables y la falta de apoyo.
Ambos organismos recomiendan que las empresas actúen sobre las condiciones que originan esos riesgos, capaciten a sus responsables de equipo y faciliten el acceso a servicios de apoyo.
Desde esta perspectiva, las acciones individuales para manejar el estrés pueden ser útiles, pero no sustituyen la necesidad de revisar las prácticas organizacionales que contribuyen al desgaste.
Inteligencia artificial: nuevas oportunidades y desafíos para el bienestar
La expansión de la inteligencia artificial añade otra dimensión al debate sobre la salud mental en el trabajo.
El estudio de MetLife señala que el 27% de los participantes recurre a herramientas de IA como fuente de información o apoyo relacionado con su salud mental.
Estas tecnologías pueden facilitar el acceso a información, ayudar a organizar actividades y apoyar determinadas tareas. Sin embargo, su utilización no equivale a recibir atención psicológica profesional ni demuestra, por sí misma, que exista una mejora en el bienestar de los usuarios.
Al mismo tiempo, la incorporación de nuevas herramientas puede generar inquietudes relacionadas con la estabilidad laboral, la necesidad de adquirir nuevas habilidades y los cambios en las responsabilidades profesionales.
La automatización también puede modificar los ritmos de trabajo. Si las herramientas permiten realizar tareas en menos tiempo, pero las empresas utilizan esa capacidad para aumentar continuamente las exigencias, los trabajadores podrían experimentar una mayor presión en lugar de una reducción de su carga.
Por el contrario, cuando la tecnología se utiliza para reducir tareas repetitivas, mejorar procesos y liberar tiempo, puede contribuir a mejorar las condiciones de trabajo.
El efecto depende, por tanto, de la forma en que se implementa, de la capacitación que reciben los empleados y de las expectativas que las organizaciones establecen sobre su productividad.
¿Qué pueden hacer las empresas para prevenir el desgaste laboral?
Los organismos internacionales recomiendan que las medidas de prevención no se limiten a ofrecer talleres de manejo del estrés o actividades ocasionales de bienestar.
También es necesario revisar las condiciones que generan presión de manera cotidiana.
Entre las acciones que pueden contribuir a mejorar el entorno laboral se encuentran la distribución razonable de las tareas, la revisión de las jornadas, el respeto a los periodos de descanso, la prevención del acoso y la violencia, y la capacitación de los responsables de equipo para identificar y atender situaciones de riesgo.
El acceso a orientación y atención profesional también resulta relevante, al igual que la creación de condiciones en las que los trabajadores puedan comunicar sus dificultades sin temor a consecuencias negativas.
En México, estas medidas pueden articularse con las obligaciones de prevención previstas en la NOM-035, de acuerdo con las características y el tamaño de cada centro de trabajo.
Para dimensionar el problema también es importante considerar las diferencias entre sectores, ocupaciones y tipos de empleo. Las condiciones de una oficina, una fábrica, un hospital o un trabajo informal pueden producir riesgos distintos, por lo que una sola encuesta no necesariamente describe la experiencia de toda la población ocupada.
Salud mental laboral: un desafío que exige cambios organizacionales
Los resultados de MetLife sitúan la salud mental entre los temas que requieren atención en los espacios laborales de México. El 80% reportado por el estudio, junto con los datos sobre presentismo y contacto fuera del horario de trabajo, muestra la importancia de examinar las condiciones en las que las personas desempeñan sus actividades.
Las investigaciones complementarias señalan factores como las preocupaciones financieras, los salarios, la sobrecarga laboral y la inseguridad en el empleo. A su vez, la NOM-035 establece un marco para identificar y prevenir riesgos psicosociales, mientras que la OMS y la OIT recomiendan intervenciones sobre las condiciones organizacionales.
Sin embargo, para interpretar correctamente los resultados es necesario distinguir entre los síntomas reportados en una encuesta y los diagnósticos clínicos, así como entre los datos de una muestra y las estimaciones representativas de toda la población mexicana.
La evidencia disponible apunta a una conclusión: prevenir el desgaste laboral requiere algo más que pedir a los trabajadores que manejen mejor el estrés. También implica revisar las cargas de trabajo, las condiciones económicas, los horarios, las relaciones laborales y la manera en que se incorporan las nuevas tecnologías.
El reto para las organizaciones consiste en convertir el bienestar psicológico en una parte efectiva de la gestión del trabajo, con medidas preventivas, acceso a apoyo profesional y condiciones que permitan a las personas cumplir sus responsabilidades sin comprometer de manera sostenida su salud.

