Miles de personas salieron a las calles de Brasil para celebrar la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva. En ciudades como São Paulo, Río de Janeiro, Brasilia y Salvador, los abrazos, las banderas y los gritos de “democracia” marcaron una noche de alivio para sus simpatizantes.
En la avenida Paulista, uno de los principales puntos de reunión en São Paulo, la celebración reunió a personas con distintas expectativas sobre el próximo mandato. Para muchas, el resultado representa una oportunidad para impulsar políticas sociales, fortalecer los derechos humanos y preservar las instituciones democráticas.
Una remontada electoral histórica
Lula venció al senador Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial del domingo 25 de octubre. Con el 100% de las urnas escrutadas, obtuvo el 51.79% de los votos válidos, frente al 48.21% de su rival, de acuerdo con los resultados oficiales. La diferencia superó los cuatro millones de sufragios.
El resultado marcó una remontada inédita en la historia democrática reciente de Brasil: Lula había quedado en segundo lugar durante la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre.
La victoria también le permitirá iniciar un cuarto mandato presidencial y un segundo periodo consecutivo. Su toma de posesión está prevista para enero de 2027.
Educación, salud y empleo, entre las expectativas
Entre los asistentes a las celebraciones, las expectativas sobre el nuevo gobierno estuvieron relacionadas con las condiciones de vida de la población.
Kátia, de 65 años, vinculada a la investigación y la defensa de los derechos humanos, expresó su esperanza de que el nuevo mandato permita avanzar en educación, sanidad y empleo. También destacó la importancia de mantener las políticas contra el hambre.
Su interés por los derechos de las minorías refleja otra de las expectativas presentes entre los simpatizantes de Lula: ampliar el reconocimiento y la protección de grupos históricamente vulnerables.
El temor a un retroceso democrático
Para otros manifestantes, la elección estuvo marcada por la preocupación ante la posibilidad de que Flávio Bolsonaro continuara el rumbo político de su padre, Jair Bolsonaro, quien gobernó Brasil entre 2019 y 2022.
Júlia, una abogada de 30 años, señaló que esperaba dejar atrás el temor a un retroceso democrático y recordó la dictadura militar brasileña, que terminó en 1985.
Paulo, de 56 años, acudió a la celebración con sus dos hijos y un ejemplar de la Constitución. Consideró que el resultado representa una oportunidad para defender las instituciones y garantizar el respeto al orden constitucional.
También expresó su expectativa de que Lula consiga construir acuerdos con un Congreso de mayoría conservadora, un escenario que podría condicionar la aprobación de sus propuestas.
La polarización continúa tras las elecciones
Aunque la victoria provocó celebraciones entre los simpatizantes del Partido de los Trabajadores, el resultado no elimina la división política que atraviesa Brasil.
Rafael, de 39 años y diseñador, reconoció que nunca dio por segura la victoria de Lula. La incertidumbre electoral, explicó, estuvo relacionada con la polarización y con el temor de que la derecha mantuviera el rumbo político de los últimos años.
Letícia, de 44 años, centró su celebración en la soberanía nacional y el derecho de Brasil a decidir su propio rumbo sin presiones externas.
Las reacciones en las calles mostraron así distintas expectativas sobre el futuro del país: desde la continuidad de los programas sociales hasta la defensa de las instituciones y una política exterior independiente.
La victoria de Lula abre una nueva etapa política, pero también plantea el reto de gobernar en un país dividido y negociar con un Congreso en el que las fuerzas conservadoras mantienen una presencia importante.
Para los manifestantes reunidos en São Paulo, la celebración quedó resumida en una consigna que se repitió durante la noche: “La democracia ha vencido”.

