La editorial mexicana Almadía anunció una revisión detallada de Donde el agua trabaja, novela de David Silva Rojas que ganó el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. La decisión llegó después de que un detector de inteligencia artificial señalara que el 99 % del texto habría sido generado con esta tecnología.
Mientras investiga el caso, la editorial suspendió las actividades relacionadas con la presentación del libro. En un comunicado conjunto con la Fundación Ventosa-Arrufat, aseguró que analizará los señalamientos sin adelantar conclusiones.
El premio prohibía el uso de inteligencia artificial
Silva Rojas recibió 20.000 euros, equivalentes a unos 415.000 pesos mexicanos, por ganar la primera edición del certamen. Las bases prohibían expresamente el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa para escribir la obra.
La polémica surgió después de que Pangram, una herramienta de detección de textos generados por IA, atribuyera a esta tecnología el 99 % del contenido de la novela. Sin embargo, ese resultado constituye un señalamiento que debe verificarse y no demuestra, por sí solo, cómo se escribió el libro.
Almadía respalda al autor mientras realiza la revisión
La editorial explicó que Silva Rojas declaró por contrato que no había utilizado inteligencia artificial generativa. También señaló que el autor confirmó personalmente esa declaración.
“ No tenemos elementos para desconfiar de su palabra”, sostuvo el comunicado. El sello añadió que, durante la lectura de la novela, ni el jurado ni el equipo editorial identificaron indicios que les hicieran sospechar del uso de estas herramientas.
Pese a ese respaldo inicial, Almadía afirmó que considera necesario revisar el caso para cumplir las condiciones del premio y preservar la confianza de sus lectores. Por ahora, no ha anunciado una conclusión sobre la autoría del texto ni sobre el futuro del reconocimiento.
Los detectores de IA abren un debate en la literatura
El caso también pone sobre la mesa los límites de las herramientas que intentan identificar textos producidos con inteligencia artificial. Almadía advirtió que sus resultados necesitan interpretación y contraste, por lo que no deberían utilizarse de forma automática para determinar la procedencia de una obra.
La controversia plantea un desafío para editoriales y concursos literarios: cómo comprobar que los participantes cumplen las reglas sobre el uso de IA sin convertir una detección automatizada en una prueba definitiva.
La editorial aseguró que dedicará el tiempo necesario a las verificaciones antes de tomar una decisión.

